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Crioavaricia - Un Cuento de Terror y Ficción

La mayoría de los humanos viven enamorados de los bienes materiales, muchos creen que todas sus riquezas se las podrán llevar al más allá, lo que no entienden es que a ese lugar nos iremos como llegamos, sin nada.

A continuación te ofrecemos un cuento de terror y ficción original de Juan Pablo Rivera que habla de ello. Ojalá que con esta historia corta, le demos mejor valor a la vida, porque no hay remedio, el final cada día está más cerca.

 Crioavaricia

Autor: Juan Pablo Rivera

Por décadas Richard Glow había invertido gran parte de su fortuna en el desarrollo de un medicamento, método, pócima o lo que fuere para rejuvenecer y evitar lo inevitable: la muerte.

Con el paso de los años, comenzó a desesperarse pues no veía en claro que sus esfuerzos rindieran frutos. Recordaba que cuando empezó con el ambicioso proyecto, era un joven maduro que apenas rebasaba los treinta y cinco años.

Había heredado gran parte de la fortuna que amasara su familia durante los años cincuenta y con esfuerzo, dedicación y uno que otro “pillaje” hizo crecer exponencialmente su riqueza al grado tal de obsesionarse con la vida eterna.

No le cabía en el pensamiento que en un futuro otros disfrutarían lo que siempre había cuidado con mucho esmero, no estaba dispuesto a compartir nada con alguien más, aun cuando fuera de su propia familia

Si bien es cierto, pensaba darle un poco de dinero a sus descendientes y que ellos siguieran su propio camino, lo que le garantizaría la libertad para desarrollar sus planes.

Lejos de la Capital del Estado, cerca de las montañas nevadas de la sierra denominada “The Young” logró apoderarse de ochocientas veintisiete hectáreas de la zona correspondiente a una de las reservas de la biósfera más grandes del país.

—El dinero todo lo puede comprar, —decía esbozando una sonrisa.

En esa región construyó un gigantesco laboratorio en forma de búnker, muy bien escondido entre la selva, lejos del escrutinio de quienes pudieran cuestionarlo, así empezó aquella loca aventura.

Después de cruzar por un estrecho pasadizo y recorrer casi treinta millas sobre una ruta empedrada se llegaba a la entrada del búnker, una puerta de acero dividía el declive del piso firme de la entrada y el camino hacia el laboratorio.

Empezaba descendiendo a unos 35 grados y a medida que se avanzaba la inclinación se iba desvaneciendo hasta que llegaba a cero. Después entrabas a un estacionamiento bien iluminado y caminabas a pie unos 50 metros hasta lograr el acceso principal.

Un escáner revisaba el iris y las huellas dactilares de cualquiera que quisiera entrar y enseguida en automático se abría el portón siempre y cuando las características analizadas coincidieran con alguien autorizado.

La seguridad del local era extremadamente meticulosa. Nadie entraba ni salía sin ser visto y si no era por la misma puerta. Richard reventaba de orgulloso al ver materializado el taller donde se lograría el más grande descubrimiento de la humanidad: “La vida eterna”.

El tiempo siguió su curso y no se lograban grandes cosas a pesar de que tenía un equipo de primera calidad al mando de las investigaciones.

Las palabras en letra de oro macizo que alguna vez indicaran con cierta soberbia la misión por la que estaban ahí, empezaban a verse empañadas por el moho de la desesperación y el cuadro que las resguardaba se notaba falto de nivelación:

“El dinero, la voluntad y el conocimiento todo lo pueden, incluso menospreciar la muerte”

Corría el año 2051, cuando se llegó el momento en la vida de Glow, de tomar una decisión importante. Contaba ya con más de setenta y nueve años de vida, muchos de sus colaboradores ya habían muerto y otros simplemente desertaron.

Se vio en la necesidad de acercarse y dejarle las riendas de los negocios a una de sus nietas, a quien le confirió la tarea de hacerse cargo también del laboratorio cuando el “ya no estuviera en el plano físico”.

Así que ideó realizar una cámara de Crio preservación para que cumpliendo los ochenta años se le depositara en ella con la intención de revivir en el futuro.

Le encargó a su descendiente que una vez que se concluyera todo el proceso dejara en automático el sistema, cerrara el laboratorio y destruyera cualquier información sobre el mismo.

Concluyó que pasados quinientos años se descongelaría y el propio sistema le inyectaría los nutrientes suficientes para regresar a la vida, para ese entonces el suponía que encontraría nuevos elementos y conocimientos para continuar con la lucha que por falta de tiempo no podía finiquitar.

Una fuerte corriente de plasma en el año 2550 encontró la entrada del laboratorio haciendo pedazos la puerta que aun resguardaba el lugar, posteriormente se escucharon estruendos que anticiparon la entrada de grandes cantidades de agua dentro de aquel búnker.

Debido al choque y a la presión el sistema anticipó la salida de su huésped e inicio el proceso de reanimación. Antes de concluir el procedimiento, la burbuja que resguardaba el deteriorado cuerpo, se encontró flotando entre lo que habían sido las montañas nevadas de aquel hermoso bosque.

Glow despertó de su letargo y vio con horror que el mundo que había dejado ya no existía. Sólo podía ver caos, agua y fuego luchaban por el dominio del planeta, miró de soslayo y vio cómo pasaba a gran velocidad aquel viejo letrero que decía algo así: “El   nero,  L  volunt  y el cono    ento, todo lo pueden, in   so menos       la muerte”.

Después, la lava de un volcán alcanzó la famosa cápsula convirtiendo los sueños de Richard en menos que nada.

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