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El Taller Mecánico

El Taller Mecánico - Leyendas Cortas de Miedo

Este tipo de leyendas sin duda nos llenan de miedo, pues a cualquiera le causaría terror el pensar que un ser querido o alguien cercano pudiera vivir una situación así. En este relato el misterio y el suspenso están presentes, ojalá que sea de tu agrado; sin más preámbulos la historia comienza así:

Un grupo de niños solían jugar a mitad de la calle con un balón todos los días, éstos se lo tiraban, lo pateaban y lanzaban sin parar, según ellos era un juego bastante divertido. En la casa de la esquina existía un taller mecánico donde vivía un señor que todos decían que estaba loco; pero sabía mucho de su trabajo y lo hacía muy bien, él se llamaba Derek.

Un día Derek, estaba sentado en la orilla de la calle mirando a los niños jugar. En ese momento, uno de los más pequeños pateó fuerte el balón haciendo que éste cayera en el patio trasero de su casa.

Los demás niños muy molestos le dijeron al pequeño que tenía que buscar la pelota y a regañadientes lo obligaron a ir por ella. Éste se dirigió al mecánico con algo de miedo pues se rumoreaban cosas malas de él, se acercó nervioso y le dijo con voz trémula:

—Señor… disculpe que le moleste… pero… ¿Podría darme mi balón? Cayó en su patio trasero.

Con una sonrisa grande y llena de sarcasmo aquel hombre le respondió:

—Ya que me tienes tanta confianza como para lanzar tu balón a mi patio, ¿Qué tal si tú lo vas a buscar?

El niño un tanto ingenuo, entró de inmediato al taller y se dirigió rumbo al patio. Mientras caminaba, se dio cuenta que en el interior había un cuarto con la puerta abierta y a través de esta se alcanzaban a mirar varias piezas mecánicas con forma de brazos que estaban colgadas. Todo aquello le pareció bastante extraño; pero no quiso detenerse más y fue a buscar el balón.

El pequeño se dio cuenta que el patio estaba bastante descuidado y lleno de suciedad; pues miles de hojas secas cubrían ese lugar. Allí en ese sitio oscuro y abandonado, se erguían enormes árboles con espesas frondas que servían para formar una especie de techo.

El niño empezó a revisar por todos los rincones de aquel tenebroso patio y cuando se disponía a buscar en un gran montón de hojarasca sintió que alguien le tocaba la espalda. Con sobresalto volteó, su cara estaba pálida de miedo; pero logró tranquilizarse al mirar al mecánico que le sonreía.

—Debes estar cansado de buscar y se está haciendo de noche, ¿Qué tal si te invito algo de tomar? —dijo Derek.

El pequeño aceptó la propuesta a pesar de su sorpresa y los dos se encaminaron hacia la casa. Al entrar, el niño se dio cuenta con miedo que aquel extraño cerraba con seguro la puerta y le dijo lleno de terror.

—Se-Señor… ¿Qué sucede?

Sin responder nada, el hombre de forma brusca agarró y levantó al niño por el estómago tapándole la boca; mientras éste pataleaba intentando soltarse. Al bajarlo, el pequeño se dio cuenta que estaban en aquel extraño cuarto de piezas mecánicas.

Con lágrimas le suplicó a ese ser malvado que lo dejara ir y sin que le hiciera caso, miró como éste se quitaba la chaqueta dejándolo desconcertado; al mirar que tenía un brazo mecánico.

—¿Horrible, cierto? Hace mucho perdí mi brazo… y estoy en busca de uno nuevo —dijo Derek con gestos aviesos.

De inmediato, el desquiciado hombre colocó al niño mientras éste gritaba, sobre una mesa grande en aquella lúgubre habitación y lo sujetó de las piernas y brazos. Luego se acercó hasta al pequeño, que miraba con los ojos muy  abiertos lleno de terror; como aquel loco le acercaba una sierra eléctrica hasta su hombro. El chiquillo nunca paró de llorar al sentir tan cerca el mortal artefacto y ver la sonrisa asesina del maniático; extrañamente nadie escuchó ni un solo lamento.

A la mañana siguiente, los padres del niño junto a las autoridades empezaron las averiguaciones; porque el infante no regresó a su casa. Pronto se dieron cuenta que un día anterior, el pequeño fue al taller mecánico de la esquina; a buscar su balón y ya no volvió.

Las investigaciones señalaron como principal sospechoso al Señor Derek; pero nunca encontraron las pruebas de un crimen, mucho menos al pequeño. Hay leyendas como esta, que suelen ser verdaderas y nos llena de miedo pensar; que un loco como el “mecánico” pueda andar suelto por ahí.