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Un Ángel y un Demonio

Un Ángel y un Demonio - Leyendas Terroríficas

Hay tantas leyendas terroríficas que nos perturban y nos hacen sentir mucho miedo. En el relato que a continuación les presentaremos, se narran hechos que aunque parecen ficticios pueden tener una base de realidad, haciendo que imaginemos sin pretenderlo al mismísimo demonio; un ser malévolo al que algunos le temen otros le respetan, tanto en la vida real como en la ficción.

Se dice que cada persona posee en uno de sus hombros, un ángel que le guía hacia lo bueno susurrándole en el oído lo que debe de hacer, y  en el otro; lleva un demonio que la incita a seguir por el camino del mal.

Según los sabios de la antigüedad, al que se le escucha con más frecuencia se le ayuda a aumentar su tamaño y el que se ignora irá haciéndose más pequeño hasta desaparecer.

Esta historia se centra en una familia conformada por una mujer joven llamada Eva y su esposo Jorge; un hombre respetable que había sido viudo y tenía dos hijos de su anterior matrimonio.

Uno de ellos era Matías, un chico muy problemático con la mente bastante retorcida que siempre metía en problemas a su hermano menor, Tobías.

En la casa donde residían tenían un criadero de ovejas y algunas de éstas misteriosamente desaparecían; pero con el tiempo las encontraban destripadas. Aquello le preocupaba mucho a Jorge; pues tenía miedo que después de los animales le hicieran daño a su familia.

Por otro lado, Eva estaba tranquila e ignoraba los hechos que sucedían constantemente, nada le incomodaba y demostraba con fluidez que sentía felicidad.

Una de las cosas que más le gustaba, era ir a la habitación de los niños justo antes de que comenzaran a dormir. Entraba, les deseaba bonitos sueños y se marchaba pero, una noche fue distinta, Matías antes de que partiera, le hizo una pregunta:

—Eva, ¿Qué cosa le sucede a las personas malas? —dijo el pequeño.

—Pues… mi madre me decía que tenemos un ángel en un hombro y un demonio en el otro;  cuando hacemos cosas malas el diablo crece y el ángel desaparece. Algunas veces el demonio se hace tan grande que nos suceden cosas terribles —expresó con un semblante tranquilo.

Después de que Eva habló, Matías se burló en silencio por lo ridículo que había sonado aquello; pero ella no le prestó atención y se marchó. Al quedar solos en la habitación éste le dijo a su hermano:

—Tobías, vamos a jugar con las ovejas.

—¡Nooo!, salir en la noche es peligroso, además, no quiero que mi demonio crezca —respondió el pequeño mostrándose nervioso.

—No seas tonto, te reto a que montes a una oveja como si fuera un caballo o ¿eres un cobarde? —vociferó Matías con una gran sonrisa burlona en su rostro.

Aquellas palabras hicieron que a Tobías se le despertara el orgullo y de un salto abandonó la cama; estaba dispuesto a demostrarle a su hermano que era un chico valiente.

Cuando llegaron al corral se quedaron muy desconcertados al no encontrar ni un animal; en el lugar sólo había sangre regada y aquello los llenó de miedo.

Los niños corrieron hasta la puerta de su casa con la intención de dejar atrás el espantoso hallazgo; pero la encontraron trancada y mientras forcejeaban para abrirla, un ruido extraño llegó a sus oídos que los dejó paralizados.

Era alguien que se acercaba o tal vez era su miedo que les estaba haciendo una mala jugada. Al fin,  la puerta se abrió y los hermanos se echaron a correr hasta su cuarto con el pulso acelerado. Extenuados se tiraron al piso tratando de reponerse; no querían gritar, pues sus padres los reprimirían por salir sin permiso en esa noche.

—Que agotador es huir de un Demonio —dijo Tobías mientras limpiaba el sudor que caía por su frente.

—¿Huir? Yo los veo a mi lado —Retumbó una voz diabólica en la habitación.

—¡Eva!, Nos has asustado, pensamos que era alguien más —exclamó Matías suspirando.

De pronto, los jovencitos advirtieron algo extraño en Eva pues ésta no les respondía. Al tenerla frente a ellos, notaron que de un momento a otro el semblante le había cambiado, su cuerpo empezaba a hincharse y las uñas le crecían al igual que sus dientes.

—No soy Eva, por las noches este cuerpo es mío y lo utilizo para matar —dijo la horripilante criatura—. Antes era un pequeño demonio; pero fui creciendo por la maldad que tenía esa persona hasta que me apoderé de él.

Los niños estaban aterrorizados, querían gritar y salir huyendo; pero el cuerpo de la madrastra se los impidió pues el demonio era tan rápido que los atrapó velozmente.

A la mañana siguiente el padre de los pequeños salió muy temprano para mirar las ovejas; pero no había ninguna. Éste le llamó a su esposa para que le ayudara a buscarlas y ella apareció de inmediato.

Luego de unos minutos, Eva hizo un hallazgo macabro y de inmediato llamó a su marido llorando. Pronto se daría cuenta Jorge de su desgracia: A sus hijos les habían colgado de los pies en un árbol para destriparlos; ya estaban muertos.

Después de ese día, Jorge entró en depresión y para su fortuna decidió divorciarse; pues sólo había querido darle una madre a sus hijos. Nunca más volvería a saber de Eva y menos lo que ese malvado demonio hizo con sus niños.

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