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Leyenda de La Mocuana

Leyenda de La Mocuana Corta - Historias de Terror Nicaragüenses

El ser humano siempre ha demostrado una exagerada devoción por las riquezas. Algunas personas que no entienden de principios, solo le obedecen a la ambición instintiva que corroe su alma. En la Historia de La Mocuana, queda ostensible que la codicia engendra sentimientos perversos; eso terminó provocando una tragedia inesperada.

La Leyenda de La Mocuana, viene siendo una de las crónicas más relevantes del folclor nicaragüense. Esta historia nos transporta hasta 1530, a los primeros años de la invasión española. Su popularidad fue creciendo a lo largo de casi cinco centurias; es en Matagalpa y Estelí donde encontró amplia difusión.

Los mitos y leyendas de Nicaragua, suelen retratar hechos pasados que resultan increíbles y fascinantes. Son relatos tradicionales, que permiten desempolvar las costumbres ancestrales de los pueblos centroamericanos. En esta ocasión, te hablaremos de una bella mujer indígena, alguien que se enamoró de un infame intruso; aquí tienes su historia.

La Mocuana

En tiempos pretéritos, un grupo de jinetes cabalgaba por tierras nicaragüenses. Se dirigían al Valle de Sébaco, eran exploradores ibéricos que buscaban metales preciosos. Cuando llegaron, el cacique de La Tercera Villa les entregó varios puñados de pepitas. Estaban sorprendidos de aquella cordialidad; sin embargo, luego comprenderían su afable actitud.

Les pidió que se alejaran de sus dominios, porque deseaba tener tranquilidad en su pueblo. Los astutos fuereños, emprendieron la retirada simulando que respetaban su autoridad. El jefe indio sonrió confiado pues creía que no volverían. Días después, una comitiva numerosa apareció; eran los españoles que regresaban por más regalos.

Los aventureros despertaron el desasosiego de la tribu; presentían que con ellos vendrían los problemas. A cierta nativa, no le molestó su presencia; había sido deslumbrada por uno de los visitantes. La muchacha, de inmediato, se fijó en aquel atractivo individuo y quedó rendida de amor; sin imaginar las consecuencias.

Cuando el líder del clan advirtió la mirada arrobada de su hija Mocuana maldijo al forastero. Sospechaba que aquel fulano no traía buenas intenciones; sus ojos protervos lo delataban. Entonces recordó que esa ingenua chiquilla, también sabía en dónde se resguardaban los preciados tesoros; estaba en riesgo el valioso secreto.

La joven de piel canela, sucumbió ante la gallardía del foráneo. Este, no quiso desperdiciar la oportunidad y aprovechó para seducirla. Ambos comenzaron a encontrarse a escondidas, las ilusiones de La Mocuana le transportaron a un mundo de ensoñación; sería capaz de cualquier cosa con tal de vivir su amor.

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Las artimañas del malvado hombre lograron bajar la guardia de la chica. Por su mente rondaba la idea de fugarse, sólo así podría evadir la furia de su padre. Su amado le confesó que no tenía dinero y ella mordió el anzuelo; era momento de contarle dónde estaba el oro.

Leyenda de La Mocuana

En el rostro de La Mocuana se dibujó una sonrisa tierna y comprensiva. El español la abrazó fingiéndole un inmenso cariño; en realidad no la quería, solo la utilizaría para sus oscuros propósitos. Más tarde, los dos caminaron rumbo al monte, el farsante intuyó que lo conducía hacia el cerro.

Al acercarse, divisaron una enorme piedra que bloqueaba la entrada de una cueva. Con gran esfuerzo, movieron la roca y se introdujeron en las penumbras. El extranjero no pudo disimular su asombro, cuando distinguió la fortuna oculta en aquel sitio sombrío; la avaricia galopó sin detenerse en su putrefacto ser.

De allí extrajeron muchas piezas doradas; éstas, tenían forma de tamarindos. Cuando ya casi terminaban de sacar todo el tesoro, La Mocuana se quedó adentro en la caverna. De pronto, empezó a escucharse un raro ruido; era el malévolo personaje que, en ese instante, tapaba el boquete de la gruta.

Se alejó pensando que, la indígena nunca volvería a ver la luz del día; que equivocado andaba. La desdichada muchacha, lloró con amargura; había descubierto el cruel engaño. Más no podía rendirse, debía ir a buscar venganza. Conocía otros túneles, uno de ellos daba a la salida; por ahí escaparía.

Algunos relatos populares sostienen que, su mismo padre la encerró en ese lugar tenebroso. Según dicen, fue para castigarla por haberse embarazado. Cuentan que, al nacer el bebé decidió lanzarlo a un precipicio. La versión más sonada de esta antigua leyenda nicaragüense, menciona que jamás se supo de su paradero.

Desde aquella vez, comenzó a rumorearse que una mujer de larga cabellera merodea por esos rumbos. Su figura tentadora despierta el deseo insano de los hombres. Es La Mocuana que anda tras los tipos mentirosos. Cuando la mires, no caigas ante sus encantos; si lo haces, tu fin habrá llegado.

Versión en Audio

Si prefieres escuchar La Leyenda de La Mocuana, aquí tienes la Versión en Audio. ¡Que la disfrutes!

 

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