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Leyenda del Padre Almeida

Leyenda del Padre Almeida - Historia Ecuatoriana Corta

En la ciudad de Quito, aún existen vetustos inmuebles donde fueron tejiéndose historias fascinantes. La Leyenda del Padre Almeida es una de ellas, se trata de un relato que empezó a circular en tiempos coloniales. Cuenta las vivencias de un fraile, alguien con escasa vocación religiosa que tuvo comportamientos inicuos.

Esta leyenda quiteña menciona que, El Padre Almeida se vio tentado a seguir el camino de la oscuridad. La historia refleja que la falta de convicción ahuyenta a la fe. Así quedó demostrado con esa crónica; pues el protagonista fue consciente de sus errores hasta que sufrió una horrible experiencia.

La historia del Padre Almeida es una de las leyendas más famosas del Ecuador. Los hechos que la originaron, ocurrieron en la antigua recoleta de la orden franciscana, en Quito. Luego se extendió a otros lugares del país y alcanzó gran popularidad. A continuación, relataremos cómo sucedió este increíble caso.

El Padre Almeida

Se sabe que las leyendas casi siempre surgen del imaginario colectivo. También es posible que, describan situaciones verídicas que entreveran elementos fabulosos. En el presente relato convergen tales características; sin embargo, podría haberse derivado de la invención popular. Quizás por eso, ha logrado cautivar a demasiadas generaciones durante tanto tiempo.

Para entrar en contexto hay que viajar hacia el pasado, concretamente al Quito colonial. Fue en aquella época distante cuando aconteció esta historia. Algunos la ubican en el siglo XVII, en esas fechas se supone que vivió El Padre Almeida. Sobre dicho personaje, hablará la siguiente narración que ahora compartiremos.

Transcurría el año de 1597 y en la capital ecuatoriana comenzó a erigirse un recinto sagrado. Se trata del Convento de San Diego; un monasterio franciscano que está ubicado en el centro histórico. Ahí fue donde un joven decidió ingresar porque traía clavada en su alma una pena de amor.

El afligido muchacho, deseaba borrar el recuerdo de una mujer que atormentaba su corazón. Dejaría atrás la vida mundana para consagrarse al Creador; por desgracia, la poca devoción le haría trastabillar. Su inmadurez lo llevaría a tomar rumbos equivocados; a su corta edad, ya exploraba los mares oscuros y turbulentos.

La desesperación por verse encerrado empezó a torturarlo. A sus 17 años no aceptaba que debía olvidarse de las farras. Las bohemias eran su debilidad, pues siempre fue un chico alegre que solía tocar la guitarra. Luego descubriría que, varios de los compañeros se daban sus escapadas nocturnas para divertirse.

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Una noche miró que los monjes saltaban de forma furtiva el claustro. Entonces resolvió unirse a esa aventura, después se perdieron en las sombras como los ladrones. Desde aquel día, Manuel de Almeida comenzó a frecuentar lugares prohibidos. Las juergas y deslices siguieron hasta que los chismes revelaron sus andanzas.

Leyenda del Padre Almeida

Para acabar con el libertinaje, los superiores ordenaron construir una barda más alta. Así terminarían los actos pecaminosos que transgredían a la sacra institución. Hubo alguien que nunca acató las reglas y no se dio por vencido: un novicio que sucumbió ante los placeres insanos que el maligno le ofrecía.

Era Manuel de Almeida que se resistía a dejar las fiestas. Fue en la capilla donde encontró la forma de escabullirse. Ahí estaba una ventana por la que podría fugarse y continuar con los jolgorios. Pero había un inconveniente, tendría que apoyarse en un enorme cristo para alcanzar la salida.

Cuando escapaba, debía escalar por aquel crucifijo. Luego se dirigía a las cantinas, en donde bebía licor y convivía con bellas damiselas. Sus trasnochadas eran cada vez más frecuentes y regresaba casi al amanecer. Hacía tiempo, que deambulaba en las tinieblas sin sentir algún remordimiento; pero le aguardaba una sorpresa.

En cierta ocasión, la figura le reclamó: «¿Hasta cuándo Padre Almeida?», el descarriado mozuelo contestó: «¡Hasta que vuelva Señor!». Más tarde avanzó por las penumbras para irse a degustar unas mistelas. Al regresar estaba ebrio y se le hizo extraño que, a esas horas un cortejo fúnebre recorriera las calles.

Para apaciguar su curiosidad, anduvo hasta el grupo que cargaba el féretro. Les preguntó por el difunto, quería saber de quién se trataba. Los hombres que mostraban una cara siniestra respondieron: «Alguien que ha ofendido al Ser Supremo». Con estupor atisbó que, en la caja mortuoria yacía su cuerpo macilento.

Al ver la macabra escena, sintió un miedo profundo en su interior. Entonces comprendió que, era alguna señal divina para que corrigiera su conducta. Desde ese día, El Padre Almeida se dedicó a honrar con fervor a Dios. Quizá fue una advertencia del más allá que pudo rescatarlo del infierno.

Versión en Audio

Si prefieres escuchar La Leyenda del Padre Almeida, aquí tienes la Versión en Audio. ¡Que la disfrutes!

 

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