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Leyenda del Callejón del Muerto

El Callejón del Muerto - Leyenda de México Colonial

El miedo a lo desconocido es natural en la vida. Esto ocurre, porque nuestra mente empieza a imaginar cosas irreales que nos hacen sentir inseguros. Esas sensaciones, se despiertan al transitar por sitios aciagos como El Callejón del Muerto. Allí se asegura que, un espectro anda penando desde tiempos pasados.

Como sucede en los relatos antiguos, la historia del Callejón del Muerto tiene diversas variantes. La gente y el tiempo han contribuido para que eso pase; pues son narraciones distintas que se originaron en lugares diferentes. Muchos afirman que los hechos fueron reales, pero otros sostienen que nada es verdadero.

Las tradiciones son así y la leyenda del Callejón del Muerto no es la excepción. Esta historia colonial ofrece varias versiones; las más populares acontecieron en la capital de México, Oaxaca y Puebla. En esas ciudades, circulan relatos aterradores sobre un lugar tenebroso, donde hay presencias de ultratumba; conocido como:

El Callejón del Muerto

En varios rincones del mundo, hay lugares misteriosos de los que se cuentan asombrosas historias. Casi siempre son parajes siniestros, que en tiempos pretéritos fueron testigos de hechos espeluznantes. Uno de ellos, es el Callejón del Muerto; un sitio tétrico en donde supuestamente pasó un caso que aterrorizó a muchos.

En diversas partes de México, existen pasajes conocidos con ese nombre. Sin embargo, hay lugares de los que la gente habla más. Quizá sea por las aterradoras historias que sucedieron allí, mismas que parecen inverosímiles. Una de las más famosas aconteció en la Ciudad de México, relato que enseguida presentaremos.

Eran tiempos novohispanos cuando sucedió esta historia; hechos que originarían después la leyenda del Callejón del Muerto. En aquella época cuentan que vivía Don Tristán Alzures, un mercader que llegó de Filipinas. Ese personaje había arribado a tierras americanas, con la ilusión de progresar y darle sustento a su familia.

Para ello, abrió una tienda de telas en algún barrio céntrico de la antigua Ciudad de México. Era alguien apreciado, porque acostumbraba ayudar a los demás. Todo iba bien, hasta que su hijo Tristán viajó a la Villa Rica de Vera Cruz; con la idea de expandir el negocio familiar.

Transcurría el siglo XVII, cuando su primogénito emprendió la aventura hacia esa tierra prometedora de riquezas. Pero el hijo del comerciante enfermó de gravedad y su padre cayó en estado de tristeza. El pensar que podría perder a su retoño lo llenaba de angustia; entonces ya desesperado tomó una decisión.

Le prometió a la Virgen de Guadalupe que, si curaba su muchacho iría a visitarla al Cerro del Tepeyac. Y el milagro sucedió, pues un día apareció su hijo sano y salvo. El afligido padre lloró de felicidad y nunca acudió a cumplir la manda; eso a diario lo martirizaba.

 Leyenda del Callejón del Muerto

Don Tristán Lope de Alzures, vivía atormentado con el remordimiento de fallarle a la Virgen Morena. Sabía que estaba en pecado y para confesarlo, acudió a visitar a un amigo que era arzobispo. Este le dijo que abogaría por él, ante la Guadalupana del Tepeyac; así esa culpa quedaría liberada.

Días después, ese arzobispo volvía de visitar la Virgen de Guadalupe. De pronto, alguien inesperado apareció en el camino: era el viejo comerciante que lucía muy pálido y desmejorado. El hombre, le mencionó que iba a cumplir su promesa porque quería estar en paz; aquello dejó muy intranquilo al prelado.

Al llegar a su casa recibió la noticia de una desgracia. Los vecinos le informaron que en su ausencia Don Tristán había abandonado este mundo. No podía creerlo y fue a visitarlo para cerciorarse; la escena que encontró lo dejó pasmado. Ante cuatro sirios velaban el cuerpo de su amigo.

Desde aquel día, al lugar empezó a decírsele El Callejón de Alzures. Era en honor del mercader; sin embargo, aseguraban que por ahí deambulaba el espíritu de Don Tristán. Cuentan que traía el mismo sudario con el que fue sepultado; una historia escalofriante que llegó a oídos de su familia.

Una noche, su hijo acudió a ese lúgubre lugar para averiguar tales habladurías. De pronto, los perros aullaron al notar cierta presencia macabra. El hombre todavía perplejo, preguntó si pertenecía a este mundo; el ente confirmó que era su padre. Luego le entregó algo, que sólo podría desvelar un religioso.

El arzobispo descubrió que, en el pasado Don Tristán acabó con un viejo amigo. Se le indicaba dónde estaba el cuerpo para que recibiera cristiana sepultura. El clérigo cumplió tal encomienda, y nunca más volvió a manifestarse aquel espectro; ese que después originaría, la famosa Leyenda del Callejón del Muerto.

 El Callejón del Muerto en Oaxaca

La historia del Callejón del Muerto en Oaxaca, sucedió en tiempos antiguos cuando no existía electricidad. En aquel entonces, la ciudad era alumbrada con faroles de aceite que encendían los Serenos. Esos personajes, servían de porteros y vigilantes nocturnos en los barrios. Uno de ellos, dio origen a este relato.

Esto pasó en la vieja Oaxaca colonial, muy cerca del centro; en donde ahora se encuentra la Calle 2 de Abril. Esos hechos tan macabros que ahí ocurrieron, desencadenarían con el tiempo esta famosa leyenda mexicana. Habla de un crimen misterioso; una aterradora historia que a continuación vamos a narrar.

Era ya medianoche, cuando de entre la oscuridad brotó un alarido desgarrador. Luego se dibujó en las sombras una silueta que llevaba un farol en sus manos. Parecía la figura de alguien que caminaba nerviosamente. Quizá, la de algún Sereno que iba a buscar ayuda; porque había descubierto algo horrendo.

Aunque sus pasos eran torpes, pronto llegó hasta el Marquesado. En ese templo, le informó al religioso que un moribundo necesitaba con urgencia la absolución sacramental. El párroco decidió acompañar al extraño visitante, quien lo guio hasta donde estaba el mal herido; al verlo supo que la muerte andaba rondando.

El cura pidió al misterioso personaje que se alejara para empezar la confesión. Con tristeza vio que al pobre desconocido iba escapándosele la vida. Cuando aquel hombre expiró, el sacerdote buscó al extraño acompañante; sólo encontró su farol. Entonces alumbró el rostro del difunto y se llevó una macabra sorpresa.

El párroco horrorizado descubrió que el Sereno y el fiambre eran lo mismo. Después de eso cayó enfermo durante varios días; pero sobrevivió. Aseguran que quedó sordo; quizás sólo escuchaba voces de ultratumba confesando sus pecados. Desde esa vez, a ese lugar fantasmal se le llamó El Callejón del Muerto.

 El Muerto del Callejón en Puebla

Transcurría el año de 1875, cuando Don Anastasio Priego salió en la madrugada de su casa. Llovía a cántaros, pero debía ir por Doña Simonita; pues su esposa estaba a punto de alumbrar. Muy decidido, caminó en la oscuridad con rumbo al barrio de Analco; donde vivía la famosa partera.

Cuando llegó al callejón de Yllescas, vio que un bulto extraño salía de las sombras. Pronto advirtió que era un malviviente que quería asaltarlo y estaba dispuesto a matarle. El vagabundo lamentaría su osadía, al sentir que le traspasaban el cuerpo. Tarde descubriría, que había enfrentado a un hábil espadachín.

Enseguida el dueño del Mesón Priego se perdió entre las penumbras. Atrás quedó el desdichado malviviente que agonizaba en un charco de sangre. Minutos después, dos siluetas cruzaban por el Puente de Ovando; con dirección a la casa de Don Anastasio. Debían darse prisa, porque unos gemelos iban a nacer.

Después de dar a luz su mujer, quiso corresponder a las atenciones de Simonita y la acompañó hasta su casa. De regreso aprovecharía para averiguar, cuál había sido el destino del malhechor. Pronto descubriría que, en el lugar de la reyerta estaban algunos curiosos mirando un cuerpo que yacía inerte.

Así nació esta leyenda de Puebla, conocida como El Callejón del Muerto. Desde ese día, empezó a decirse que allí se aparecía el fantasma del ladrón. Entonces la gente colocó una cruz blanca para que descansara aquella alma. Incluso Don Marcelino Yllescas mandó hacer misas; pero el espectro siguió manifestándose.

Cierto día, llegó un desconocido al Templo de Analco; quería que el “Padre Panchito” lo confesara. Después de eso, el sacerdote cayó enfermo y murió. Antes de partir, contó que alguien misterioso le pidió su absolución para descansar en paz. Desde aquella vez, el espíritu del Callejón del Muerto desapareció.