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La Leyenda del Charro Negro

Leyenda de El Charro Negro - Historia de Terror Verdadera

Hay historias de terror que no sólo te ponen los pelos de punta, también van dejando enseñanzas profundas que deben analizarse. La Leyenda del Charro Negro es una de ellas, porque resalta cuán peligrosa puede ser la ambición, cuando se deja que un sentimiento oscuro nos domine; hasta llevarnos a un abismo en donde la única salida es la muerte.

La codicia es un monstruo con unas garras muy afiladas, que disfruta acabar con los humanos. En el relato que a continuación te ofreceremos, hay un personaje que se aprovecha de ese deseo malsano en las personas. Se trata de un espectro infernal, que va montando un caballo azabache de aspecto demoníaco; pues sus ojos son brasas que irradian sólo maldad.

El ente diabólico siempre obedece a su amo, en las noches de oscuridad abandonan el averno y se aparecen en el mundo de los vivos. Ambos recorren los senderos solitarios porque tienen que cumplir un encargo. Deben acatar una orden que les ha impuesto su rey, estamos hablando del señor de las tinieblas. El único que puede ejecutar tal encomienda es:

El Charro Negro

El Charro Negro es un ser espectral que alguna vez estuvo vivo; sin embargo, ahora pena en la oscuridad. Se dice que su amor al dinero le arrebató todo, pues le entregó su alma a satanás. Tal sacrificio, lo ha convertido en el tesorero del diablo y todas las noches deambula por caminos sombríos; tratando de encontrar incautos que lo reemplacen.

Cuando el astro rey comienza a despedirse en algunas rancherías de México, la gente empieza a recalar a sus casas. Los caminantes apresuran su paso, porque conocen una historia de terror que circula desde épocas antiguas. Es un relato que habla de un hombre vestido de negro, que se le aparece a los viajeros nocturnos y les ofrece muchas riquezas.

Su vestimenta es un elegante traje de charro color negro, que va adornado con detalles de oro y plata; sin faltar por supuesto el sombrero de ala ancha. Se dice, que en algunos pueblos de Jalisco y Tlaxcala se aparece muy seguido, también se le ha visto por el centro. El mítico personaje, es muy popular en el folclor mexicano y hoy en día muchos le temen.

Debido a su popularidad, se han escrito historietas y libros del Charro Negro. También su leyenda ha inspirado historias que se han adaptado al cine; produciéndose incluso, una película animada recientemente. En esa cinta, la trama gira alrededor de este malvado ser y los protagonistas luchan contra él, con la firme intención de erradicar su maldad.

Algunas personas aún dudan que la Leyenda del Charro Negro sea verdadera. Unos piensan que es una historia inventada con el afán de asustar a los niños. Otros creen que sólo es un relato de terror para espantar a las personas codiciosas; pero se asegura, que el origen de esta entidad fue real. Hay varias versiones y a continuación te hablaremos de las más conocidas.

Versiones de la Leyenda del Charro Negro

Las leyendas son historias que van sumando versiones a través del tiempo. En algunas se puede hablar de los hechos que la originaron. En otros casos se narran sucesos que la misma gente relaciona con el personaje del Charro Negro. Lo que se cuenta, con los años va cambiando y los siguientes relatos son los que se han ido quedando.

Origen del Charro Negro

Hay una historia que se remonta hasta su niñez, y nos habla de un chiquillo que vivía atrapado entre la pobreza. Sus padres eran muy humildes y no podían colmarlo de más bienes. El pequeño estaba harto de aquella situación, pues anhelaba gozar de lujos y riquezas. Se daba cuenta que su precaria vida no tenía sentido y que debía hacer algo para cambiarla.

Pero ignoraba cómo hacerlo, y se puso a pensar en su futuro. Quería dejar atrás lo andrajoso, porque ya no soportaba lidiar más con la pobreza. Soñaba tener un buen traje de charro y alcanzar la riqueza. Pasaron los años y un día se le ocurrió invocar al diablo y éste le concedió sus deseos. Desde ese entonces, la prosperidad lo acompañó volviéndose alguien muy poderoso.

Aquel personaje vivía rodeado de la opulencia, se hizo de muchas propiedades y ganado. Tenía su propia hacienda y sirvientes al por mayor. Ahora el dinero le sobraba y podía llevar una vida con desenfreno disfrutando de los mayores placeres. Conseguía lo que quería, incluyendo a las mujeres más bellas de la región, pero sabía que era pura conveniencia.

Con el tiempo, se dio cuenta que tener tanta riqueza no lo hacía feliz y se percató que la juventud se le había escapado. Un día, alguien del pasado lo visitó; el diablo regresaba a recordarle su deuda. Entonces, se acordó que las riquezas eran producto de un trato con satanás.  Pero no estaba dispuesto a entregarle su vida e ideó un plan.

Dicen que se refugió en su hacienda encerrándose a piedra y lodo. También les pidió a sus trabajadores que lo cuidaran día y noche. La gente cuenta que vivía sin dormir, presa de un terror indescriptible. Aquel hombre ya no era un tipo altivo, se había convertido en un vil cobarde, que se escondía en la capilla que mandó construir en su propiedad.

La Deuda con el Diablo

Hay versiones de que mandó poner cruces por donde quiera, porque creía que así se alejaría el señor de las tinieblas. Pero al diablo, nunca se le olvidó aquella deuda y una noche se presentó para hacerla efectiva. Entonces, el Charro Negro tomó una bolsa repleta de oro y montó un gran caballo prieto; luego se perdió entre la oscuridad de la noche.

Se dice que nadie escapa a su destino y aquel jinete que huía aterrorizado entre las penumbras iba a encontrarlo. Él mismo, lo había diseñado a su gusto; pues estaba cayendo en la trampa de su propia avaricia. La noche era lúgubre cuando se internó en un camino solitario y su bestia donde cabalgaba amainó el paso; de pronto, una figura horripilante se apareció.

«Iba a cobrarte la deuda cuando dejaras este mundo, —le dijo aquel maléfico ser—; pero ahora he decidido saldarla en este mismo instante. Me doy cuenta, que quien te acompaña es muy fiel contigo y por ello, me los llevaré al infierno. Así aprenderás, que los pactos conmigo no se rompen fácilmente, —espetó vociferando el diablo un tanto molesto».

»A partir de este momento ambos penarán por toda la eternidad y tú cumplirás una encomienda mía. Tomarás mi lugar y serás el encargado de cobrarles a mis deudores. Si me obedeces, permitiré que uses esa bolsa de oro que cargas para despertar la codicia de alguien ambicioso. Así, ese desgraciado podría reemplazarte —remató diciendo aquel ente infernal».

Las deudas deben pagarse y desde entonces, ese hombre sufre horribles tormentos en el infierno. En ocasiones, se le permite salir al mundo de los vivos para que cobre las cuentas del diablo. Quizá una noche, en algún camino solitario encuentre a un viajero ambicioso que acepte sus riquezas, así el Charro Negro y su fiel amigo podrán descansar eternamente.

El Charro Negro y Juan el Minero

Otra versión habla de Juan, un minero que estaba asqueado de tanta pobreza. Una noche en la cantina del pueblo, vociferó que haría cualquier cosa por ser muy rico. En ese mismo instante, un Charro Negro se apareció y le dijo: «si es tu deseo, será una realidad. Para ello, deberás asistir a la Cueva del Coyote, allí te diré cómo saldrás de pobre».

Los lugareños al ver aquella figura espectral se persignaron y abandonaron el establecimiento; pero Juan quizá sin saber lo que hacía aceptó el reto. Luego se trasladó al sitio que le indicaron, era una vieja mina. Unos creen que tal vez el alcohol lo había envalentonado, y cuando llegó no sucedió nada, sólo encontró una extraña víbora que lo miraba fijamente.

Aquel reptil era enorme y decidió llevárselo, pensaba que alguien podría comprarlo. Cuando llegó a donde vivía colocó al animal en un viejo pozo que cubrió con tablas; después se fue a dormir. En sus sueños, la víbora le agradecía a Juan por tenerla en casa. También le indicaba que buscara en el granero unas bolsas con monedas de oro que lo sacarían de la miseria.

A cambio, él debía entregarle la vida de su hijo varón. Juan tenía una niña de seis años y un bebé de pocos meses. A la mañana siguiente, se dirigió al granero y para su sorpresa encontró un montón de dinero. Sin embargo, su esposa corría a darle una mala noticia, había desaparecido su pequeño. Fue entonces, cuando su hija les indicó que lo hallarían en el pozo.

Al fin, aquel hombre comprendía todo, el diablo había cumplido su promesa, le entregaba las riquezas a cambio de la vida de su hijo. Cuentan que lo encontraron hecho pedazos en el pozo y de la víbora no se volvió a saber nada. Para superar aquella pérdida, compró propiedades y construyó una enorme hacienda donde tenía mucha gente a su mando.

Pero quería más y la víbora apareció para hacerle una nueva propuesta. Le aumentaría sus riquezas cada vez que le entregara un nuevo hijo suyo; el hacendado aceptó. Dicen que tenía amantes por montones, con el único fin de que le dieran otros descendientes. Después se los quitaba y reclamaba el premio que le había prometido el diablo, su ambición ya era desmedida.

Por fin llegó su final y tuvo que abandonar este mundo; pero aún no pagaba su cuenta. Comentan, que la noche de su velorio, ya estando en el ataúd, algo espantoso pasó: se escuchó una voz cavernosa que decía: «Juan vengo a cobrarme la última deuda». Era el Charro Negro que se acercaba hasta el féretro, luego desapareció dejando un olor azufrado

La gente quedó perpleja pues era un olor infernal. Presentían que era el mismísimo diablo que se llevaba lo que le pertenecía: el alma de Juan. Algunos todavía intrigados, destaparon la caja sin esperarse aquella macabra sorpresa. En el cajón sólo estaba un horripilante esqueleto; la otra parte del muerto se había esfumado. Así terminó aquel hombre sin escrúpulos.